El Crimen del Cura, 2 de enero de 1925

2 Ene

En el año 1925, ocurrió un terrible crimen entre los pueblos de  Villacomparada de Rueda y Villarcayo.

No ha sido fácil investigar los hechos ocurridos hace tantos años, aún así hemos podido encontrar toda la historia de este horrible crimen, desde los antecedentes del hecho, la narración del propio crimen, investigación e incluso detalles del juicio celebrado en Burgos.

También hemos encotrado imagenes reales de la época que ilustran a la perfección nuestro artículo.

El lugar de los hechos fue un puente que existió antaño entre las localidades de Villarcayo y Villacomparada de Rueda. Este puente se llamaba de “Villacomparada” y a partir de este suceso pasó a llamarse “Puente del Cura” y aunque ahora ya no existe, al lugar se le sigue llamándo así.

EL ASESINATO. EL PUEBLO SE AMOTINA. LA GUARDIA CIVIL SALVA AL AGRESOR

Los sucesos ocurrieron el viernes 2 de enero de 1925 cuando la joven Dolores volvía desde Villarcayo a  Villacomparada acompañada por seis amigas. A la altura de dicho puente, el Sacerdote Clemente Huidobro que servía en la parroquia de Villacomparada, salió del mismo donde se hallaba escondido y se abalanzó hacia Dolores, la cogió del brazo y la disparó seis o siete tiros de revolver, quedando muerta en el acto.
La terrible noticia voló al instante hacia Villarcayo y una gran cantidad de gente muy nerviosa se acercó al lugar del suceso.
La guardia civil solo tardo 2 horas en capturar al agresor y lo encerró en la cárcel de la Villa. Los vecinos indignados intentaron linchar al criminal y tomarse la justicia por su mano teniendo la guardia civil que defender la cárcel incluso disparando al aire, de hecho un joven de Villarcayo resultó herido de gravedad al recibir un golpe con un fúsil.
Se sabía que el tal Huidobro estaba conceptuado como hombre de dudosa conducta, conociéndole algunas aventuras peligrosas y su afición al vino y a las mujeres. Durante en su estancia en la cárcel de Villarcayo no mostró en ningún momento señal de abatimiento y ante la fuerza del túmulto en la calle su frase constante era: ¡Que entran, carcelero, que entran!.
En palabras del carcelero de Villarcayo, el cura Clemente Huidobro dijo que lo siguiente para justificar el crimen. “Yo estaba loco por la
muchacha, y más loco porque estaba convencido de que no me quería. Por eso decidí matarla al enterarme que se iba a casar”.

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