Kim Philby, as de espías

11 May

Una vez iniciada la contienda, muerto el general Sanjurjo en un accidente de aviación y con Franco elevado a la categoría de líder indiscutible del alzamiento, aparece la arrolladora figura del famoso agente doble inglés de la Guerra Fría, Kim Philby, protagonista principal de un intento de atentado contra el general digno de una novela de suspense. Harold Adrián Russell Philby empezó a ser conocido con el apodo de Kim en el prestigioso Trinity College de Cambridge donde estudió. Como él afirma en sus memorias, fue reclutado como espía por los soviéticos durante su estancia en Viena, adonde viajó en 1934 tras terminar sus estudios de Historia. En ese mismo año regresó a Gran Bretaña donde construyó una falsa personalidad ultraconservadora que le permitió acceder a ambientes germanófilos dentro de la aristocrática sociedad londinense de la época, reuniendo valiosa información que se encargaba de transmitir a sus enlaces en Moscú.

En 1937, en plena Guerra Civil, Philby viaja a España como corresponsal de la agencia London General Press para cubrir informativamente el conflicto. Durante su estancia en nuestro país los servicios de espionaje soviéticos le encomendaron dos misiones. La primera y más evidente era mantenerles informados sobre los planes y movimientos del ejército franquista. La segunda, mucho más sorprendente y que ha sido confirmada hace pocos años por unos documentos desclasificados de la inteligencia británica, era la de atentar contra Franco.


La orden fue dada por el propio Stalin en persona. El cerebro del plan para llevarla a cabo era Nikolai Yezhov (en la foto de arriba), en aquel entonces comisario del NKVD, acrónimo en ruso del Comisariado de Asuntos Internos del Pueblo, organización precursora del KGB. Yezhov, conocido como El enano y El Renco (medía 1’51 y era cojo) era un siniestro y sanguinario personaje que se había encargado de organizar la Gran Purga ordenada por Stalin y que disfrutaba torturando personalmente a los opositores al régimen. Yezhov dio instrucciones a otro agente doble británico, Paul Hardt, para que encontrase a la persona adecuada para cumplir la misión. Hardt consideró a Philby el hombre idóneo que estaba buscando.

Establecido en Burgos y alojado en el Hotel Condestable, su hábilmente labrada reputación como periodista germanófilo, sus crónicas claramente favorables al bando de los sublevados y, por supuesto, su encanto personal, pronto le granjearon las simpatías de los mandos militares más cercanos a Franco con los que hablaba habitualmente y que, engañados, le brindaron la valiosa información que Philby utilizaba para escribir sus artículos o remitir directamente a Moscú. Su reputación como periodista brillante con buenos contactos llegó a Londres y el prestigioso periódico The Times se hizo con sus servicios. Philby había llegado donde quería y disponía de la tapadera perfecta para ocultar su verdadera identidad.

Aunque en una entrevista Philby se jactó de haber estado cinco veces ante Franco, el espía realmente sólo dispuso de dos ocasiones para intentar el atentado.


La primera y la que estuvo más cerca de cumplir su objetivo, fue cuando el general le concedió una entrevista en exclusiva para The Times. Era la oportunidad perfecta que habían estado esperando. Los superiores de Philby le consideraban un magnífico espía pero no un hombre de acción. Para cometer el atentado utilizarían a un anarquista llamado Justo Bueno que, infiltrado como fotógrafo en la entrevista y con una pistola oculta en su cámara, sería el que al final realizaría los disparos. Sin embargo, Franco suspendió el encuentro en el último momento y el atentado se frustró.

La segunda oportunidad se presentó de forma casual. El 31 de diciembre de 1937, en el pueblo de Cauda situado a muy pocos kilómetros de Teruel, el vehículo en el que viajaba Philby junto con otros tres periodistas americanos resultó alcanzado por un proyectil de artillería. Sus tres compañeros murieron y Philby resultó gravemente herido en la cabeza. Pocos días después del incidente y mientras aún estaba convaleciente, se le comunicó que sería condecorado personalmente por Franco en audiencia privada con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar.

Sin embargo, según se recoge en los documentos desclasificados de los Archivos Nacionales Británicos, Philby recibió la orden de abortar el plan del atentado sin explicar cuál fue la razón que provocó el cambio de planes. Paul Hardt, su contacto, fue llamado a Moscú y desapareció para siempre, y Yezhov, el cerebro del complot, murió asesinado víctima de una de las purgas estalinistas con las que tanto parecía disfrutar. Philby recibió la condecoración en un acto impersonal y frío en el que Franco apenas le prestó atención, y continuó con su trabajo de periodista hasta que terminó la contienda.

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